Los festejos no duraron ni un día: el lunes 24 muchos de los que votaron a Cristina volvieron a votar con el bolsillo y salieron a comprar dólares, desatando una crisis cambiaria como no se recuerda desde 2001.
Es que las tres bases económicas sobre las que se asentaron los K, se agotaron: el dólar está sobrevaluado, el superávit comercial se achica y el déficit fiscal se agranda. NO HAY PLATA para sostener el edificio de subsidios, que financia la pobreza en vez de remediarla con verdadera producción y trabajo genuino, en el marco de la tormenta financiera internacional.
La pata fundamental para sustentar el andamiaje kirchnerista fue la CGT, es decir, la complacencia sindical para aceptar aumentos salariales inferiores a la inflación y para no realizar ninguna huelga general en ocho años. Sin duda, Moyano batió el récord. Pero la luna de miel con el gobierno, también se terminó. El reclamo de participar en las ganancias y subir el mínimo no imponible, anunciado por Moyano, es el primer roce importante entre el gobierno y la burocracia sindical en el periodo que empieza.

















