Con su triunfo en las elecciones del 14 de agosto por un resultado mayor al esperado, el gobierno de Cristina Kirchner ha tenido un relativo fortalecimiento. De cara a las elecciones presidenciales del 23 de octubre, en los cuales este resultado probablemente se repetirá, es necesario sacar las conclusiones y prepararnos para lo que viene.
El mundo en crisis
Uno de los factores del triunfo de Cristina ha sido la bonanza económica de los últimos años ligada a las exportaciones de lo que la presidenta calificó como “yuyo maldito” hace tres años: la soja. El otro factor, contradictoriamente, ha sido la crisis económica mundial, ya que el gobierno logró transmitir la idea de que el país está blindado contra ella. Desde entonces, todos los analistas que respaldan a Cristina no se cansan de repetir la excepcionalidad argentina y la buena suerte que tenemos.
Pero todos actúan para engañar a los trabajadores. Como predijeron muchos economistas, después de la crisis de 2008, la economía se recuperó pero ha vuelto a caer en un pozo. Es una W perfecta. En Estados Unidos y Europa, el crecimiento, que fue modesto, se ha frenado y va para una nueva caída.
Unidad patronal alrededor de Cristina
El hecho más importante después de las elecciones primarias, fue la reunión de todo el empresariado nacional, incluyendo al campo, con la presidenta, en Tecnópolis. Al primero, realizado el Día de la Industria, no faltó nadie. Capitaneados por De Mendiguren, el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), estuvieron hasta los adversarios más enconados del oficialismo, como Hugo Biolcatti de la Sociedad Rural y la Asociación de Empresarios Argentinos, donde militan Techint y Clarín (aunque estos se abstuvieron de mandar representantes directos).
Pocos días después el gobierno lanzó el Plan Agroalimentario Nacional, pero aunque resonaron las palabras “nacional” y “productivo”, el plan no cambia la matriz exportadora y sojera impuesta desde los ‘90. Tampoco le pone un freno a la “extranjerización de la economía” y los beneficiarios seguirán siendo las grandes multinacionales cerealeras, la burguesía rural dedicada a la agroindustria y hasta los enrolados en la Sociedad Rural y Confederaciones Rurales Argentinas. En esta oportunidad, la Mesa de Enlace no estuvo, pero solo para guardar las apariencias.
Esta unidad obedece, además, a que los otros candidatos patronales, opositores, como Duhalde y Alfonsín, no lograron ni mover la aguja en las primarias de agosto. Por esta razón, los patrones del campo y la ciudad prefieren agruparse alrededor del gobierno, para fortalecerlo frente a los embates que vienen.
Corrupción
El gobierno aprovecha este “veranito” político, para intentar que la corrupción pública y policial, que la inseguridad y el gatillo fácil, pasen desapercibidos, pero no lo logra.
Sergio Schoklender prendió el ventilador y denunció la responsabilidad del gobierno nacional y de la Fundación de Hebe de Bonafini en el desvío de millones de pesos de fondos públicos destinados a la construcción de viviendas populares. Denunció al Secretario de Vivienda, López, dependiente de Julio de Vido, relató cómo se destinaron 1.500.000 pesos a la campaña electoral de Amado Boudou en la Capital, contó cómo Hebe de Bonafini dispone sin control de los fondos que las Madres reciben como solidaridad en el exterior.
Al mismo tiempo, la escandalosa muerte de Candela ha colocado los reflectores sobre la corrupción de la Policía Bonaerense, sus relaciones con el aparato político y la incapacidad del poder judicial. Un nido de corrupción e impunidad.
Disciplinar a los trabajadores
Ante la perspectiva de que el nuevo periodo sea muy distinto a los dos anteriores ya se habla de aumentos salariales por debajo de la inflación para el próximo año.
El gobierno utiliza la amenaza de la estatización de los fondos de las obras sociales para presionar a Moyano, que aceptó sin chistar el techo al salario mínimo, mucho más cerca de lo que pedían los empresarios que de lo que reclamaba la CGT. Ya Cristina mostró lo que se viene, al criticar los reclamos salariales de los trabajadores del subte.
La realidad es que, a pesar de los aumentos salariales del primer semestre, estos ya fueron devorados por la inflación, y a pesar del crecimiento económico, éste no trae más puestos de trabajo, ni resuelve el problema de la precarización laboral y el trabajo en negro. La desigualdad social supera los registros del menemismo. Los pagos de la deuda, la entrega de los recursos naturales, la extranjerización de la tierra son la matriz de este gobierno.
Lamentablemente, la CGT de Moyano no hace ningún llamado a la lucha ni a defender los salarios. Solo la CTA de Micheli está levantando un llamado frente a esta situación, y ha convocado a una marcha para el 23 de septiembre. Saludamos esta iniciativa, y llamamos a unificarla con la CGT y el sector de CTA Yaski.

















