Estamos ante el triunfo más importante de la revolución internacional desde la caída del Muro de Berlín en 1989. a diferencia es que ahora se produce en medio de la mayor crisis económica del sistema capitalista desde 1929.
Para el mundo árabe, es una revolución más importante que la iraní de 1979, porque Irán es persa y está ubicado en los confines del mundo árabe.
Egipto es la cuna del mundo árabe, el país más poblado de la región con 80 millones de habitantes, y El Cairo es la principal ciudad árabe, con 24 millones de habitantes, su corazón político y social.
El pueblo árabe es una sola nación, dividida artificialmente en una serie de países por las potencias imperialistas desde el siglo XIX.
Hoy, esa poderosa nación de 350 millones de personas, se está volviendo a unir, a través de una sola revolución antitotalitaria, antiimperialista y obrera y popular.
La revolución tuvo su primer triunfo el 14 de enero en Túnez echando al dictador Ben Ali, después de 23 años de gobierno.
Al finalizar el mes, se había extendido como reguero de pólvora a Argelia, Jordania, Siria, Yemen y Egipto y se inauguraba el gobierno de Hezbollah en Líbano, al tiempo que triunfaba el referéndum para crear un nuevo país en Sudán, al sur de Egipto.
La nueva oleada de la revolución árabe
Desde que en 1948 se creó el Estado de Israel, echando a millones de palestinos de sus tierras, la revolución árabe viene avanzando en oleadas, cada vez más extendidas y radicalizadas.
En los años cincuenta surgieron gobiernos nacionalistas similares al de Perón, como el de Saddam Hussein en Irak, Gamal Abdel Nasser en Egipto, que nacionalizó el canal de Suez, Muamar Kadafi en Libia, el Frente de Liberación Nacional de Ben Bella en Argelia, donde triunfó la revolución de independencia en 1961 y la Organización para la Liberación Palestina OLP de Yasser Arafat.
El nacionalismo burgués tuvo patas cortas: en 1978, el presidente egipcio Anwar Sadat se convirtió en el primer gobernante árabe en reconocer Israel en los acuerdos de Camp David.
Sadat fue asesinado por sus propios militares en 1981, y fue sucedido por Hosni Mubarak, quien desde entonces gobierna el país con mano de hierro.
En 1979, el curso de derrotas empezó a cambiar, con la gran revolución iraní que derribó al Sha e impuso un régimen islamista, llevando con su ejemplo a la creación de nuevos movimientos integristas, como Hezbollah en Líbano y Hamas en Gaza.
En 1986 estalló la primera intifada en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania, pero en 1993 la OLP firmó los acuerdos de Oslo reconociendo la existencia de Israel y renunciando a la bandera histórica de echar al invasor sionista. Ante la agachada de la OLP, surgieron con fuerza Hezbollah, que propinó la primera derrota militar al ejército sionista expulsándolo del Líbano y Hamás, triunfó en la franja de Gaza.
Ahora estamos ante una nueva y más poderosa oleada, que está poniendo fin a los gobiernos totalitarios.
Esta nueva oleada no se hace bajo las banderas de una organización guerrillera o islamista, ni es un enfrentamiento militar: los protagonistas son los millones de jóvenes trabajadores y desocupados que enfrentan todos los rigores de la nueva crisis mundial.

















