Para enfrentar a los patrones y al gobierno
Sigamos el ejemplo de los trabajadores del Subte
Los empleados de Metrovías impusieron en los hechos un nuevo sindicato, ya que el gobierno y la empresa se vieron obligados a reconocer a los 84 delegados elegidos por la base, quienes representarán, de aquí en más, a los compañeros y compañeras del subte en las negociaciones con la empresa y con el Ministerio de Trabajo.
Este triunfo, de similares características al que obtuvieron los compañeros de la salud de la provincia de Tucumán luego de meses de huelga, asambleas y piquetes (ver nota), no es un echo aislado, sino el punto más avanzado del ascenso obrero y popular que recorre el país y de un riquísimo proceso de reorganización sindical que involucra al conjunto de los trabajadores argentinos.
La derrota de la empresa, el gobierno y la burocracia reafirma y consolida una relación de fuerzas muy favorable para los asalariados, pero también constituye un punto de referencia ineludible para todos los luchadores y luchadoras, quienes a partir de ahora contarán con una verdadera guía para la acción.
Es que el movimiento obrero - que miró con mucha simpatía a la huelga - tomó conciencia de que los métodos antidemocráticos de la burocracia sindical no sirven para enfrentar consecuentemente los atropellos empresariales y que ¡Para ganar hay que hacer como en el subte, organizando asambleas y eligiendo delegados que respeten sus decisiones!
Hay que seguir el camino de los trabajadores del subte luchando en cada empresa y sector, pero también exigiéndole e imponiéndole a las conducciones de la CGT y CTA la convocatoria de un Paro Nacional por un aumento salarial que compense la caída del poder adquisitivo, por el doble aguinaldo y la defensa de los puestos de trabajo.
Cientos de miles sacaron otra conclusión, tanto o más valiosa que la anterior: Para hacer valer la votación de las asambleas es necesario defenderlas con uñas y dientes, organizando piquetes como los que echaron de los túneles a los patovicas enviados por la conducción de la UTA y a la policía kirchnerista.
La huelga del subte dividió aguas en todo el país, obligando a tomar partido a millones, que repudiaron la prepotencia de los dirigentes sindicales millonarios y comenzaron a simpatizar con el discurso democrático de los delegados combativos y de la izquierda, cuyos militantes aparecieron en los medios jugando un papel muy progresivo, sumándose a los piquetes o realizando tareas solidarias.
Los dirigentes antiburocráticos y las organizaciones de izquierda tenemos la obligación política de aprovechar estas circunstancias, poniendo en marcha un amplio movimiento o corriente sindical, que además de solidarizarse con todas las luchas e impulsar su coordinación, aliente y organice la pelea por la expulsión de los dirigentes vendidos de los sindicatos y de todas las organizaciones obreras.
Hace falta un movimiento que proponga “hacer como el subte”, empujando con todo las asambleas, los plenarios de delegados con mandato, los piquetes y la autodeterminación obrera, con el objetivo de extirpar ese verdadero cáncer que es la burocracia sindical, uno de los principales pilares en los que se sostiene el actual gobierno antiobrero y antipopular del matrimonio Kirchner.
Hace falta un movimiento amplio y unitario que emprenda esa tarea, que está íntimamente ligada a otra, aún más importante, la de unir las luchas para enfrentar y derrotar al gobierno de Cristina para que la crisis la paguen los que la provocaron, los capitalistas.
Las condiciones para avanzar en ese sentido son excepcionales: ¿Quien no sufre la traición de los dirigentes vendidos? ¿Quien no se resiste al accionar de los dirigentes que posan de combativos, pero nunca llevan las luchas hasta el final? ¿Quién no enfrenta la corrupción de los dirigentes millonarios? ¡Las bases obreras están hartas de sindicalistas cada vez más ricos que representan a trabajadores cada vez más pobres!



















